DESPUÉS DEL ATENTADO A LAS TORRES GEMELAS: IMPACTO PSICOSOCIAL
disPerSión
Tomado de Revista electrónica del Instituto Psicología y Desarrollo
Año I, Número 1, Abril de 2004. ISSN 1811-847Xwww.ipside.org/dispersion/2004-1/1_arenas.htm
DESPUÉS DEL ATENTADO A LAS TORRES GEMELAS: IMPACTO PSICOSOCIAL
Carlos Arenas Iparraguirre
[1] RESUMEN:
A la Psicología como ciencia le compete proveer respuestas al atentado a las torres Gemelas, que podríamos categorizar como un magnicidio, como un fenómeno que aparentemente no tendría respuesta. El rol de Psicología no sólo tiene el afán de conocimiento “científico” sino su intención deberá ser el coadyuvar a modificar los posibles defectos del sistema de vida propio de la “civilización occidental”, que a partir de este hecho ha evidenciado más nítidamente su fragilidad. Esto desde un punto de vista de la imparcialidad científica que le compete.
PALABRAS CLAVE: Grupos, desastres, emergencias. A la Psicología como ciencia le compete proveer respuestas al atentado a las torres Gemelas, que podríamos categorizar como un magnicidio, como un fenómeno que aparentemente no tendría respuesta. El rol de Psicología no sólo tiene el afán de conocimiento “científico” sino su intención deberá ser el coadyuvar a modificar los posibles defectos del sistema de vida propio de la “civilización occidental”, que a partir de este hecho ha evidenciado más nítidamente su fragilidad. Esto desde un punto de vista de la imparcialidad científica que le compete. Fragilidad que el terrorismo extremo ha evidenciado poniendo al descubierto el vínculo perverso que presenta en el Occidente demasiado bienestar material coexistente con “la violencia de la pobreza sin esperanza”, tal como lo afirma Luciano Peirone en un artículo editado en internet y reciéntemente aparecido titulado “Extreme Terrorism and its Paradoxical Psychological Lessons” Y no solo se precisa presentar esta afirmación sino también es evidente la imagen que nos presenta el famoso literato Paulo Coelho quien sustenta que se ha hablado mucho sobre la Paz, pero la mayor parte del tiempo se han conducido guerras. La guerra no es la alternativa correcta, se siguen utilizando viejos métodos para nuevos desafíos, dicho viejo método es la guerra. En esta guerra hay personas inocentes que sufren, de ambos lados.
Consecuencias Psicosociales Las múltiples imágenes dramáticas y de gran visibilidad, que hemos podido observar son un referente inescapable para analizar dicha realidad, la población afectada en esta circunstancia ha quedado impactada, tanto individual como colectivamente, y se verá obligada a generar adaptaciones múltiples a las nuevas realidades. El patrón individual característico corresponde al de stress post-traumático, que compromete todas las áreas del psiquismo: cognitivas relacionadas a alteraciones del pensamiento y de la conducta llegando incluso a dificultades para la toma de decisiones; una emocionalidad intensa, acompañada de miedo e irritabilidad, aparición o agravamiento de síntomas físicos, alteraciones en las relaciones interpersonales así como un generalizado sentimiento de inseguridad colectiva en los símbolos de poder y de seguridad que hasta momentos previos al ataque casi toda la sociedad norteamericana poseía, expresado en un sentimiento de invulnerabilidad. Temor a la destrucción, sentimiento de vulnerabilidad y al daño es otra de los impactos que se ha podido detectar, la respuesta de la Asociación de Psicólogos Americana fue la de aconsejar a la población tomar medidas para una menor exposición a los niños y/o el esclarecimiento correspondiente por parte de los mayores. Sentimiento de pérdida de control y de la capacidad de enfrentamiento cognitivo, actitudinal ante nuevas o complejas situaciones. Ello se evidenció en las explicaciones asumidas no sólo por la mayor parte de la población sino fundamentalmente por los líderes gubernamentales llegando a categorizaciones polarizadas de un nivel primario. La desconfianza y disposición hipervigilante y suspicaz (o cognición paranoídea), como consecuencia de un sentimiento de inseguridad colectiva es coincidente con actitudes y conductas negativas contra los exogrupos, especialmente para los miembros estigmatizados. Ello necesariamente ha conducido y llevará a discriminaciones y xenofobia y violencia intergrupal. Ahora expresada en las torturas infligidas a los prisioneros iraquíes. Respuestas ante los efectos psicosociales
Un mecanismo compensatorio y de reacción a los procesos de globalización sin rostro es el incremento de lealtad y sentimiento de identidad con diversas agrupaciones sociales, si bien es cierto que durante 1992 se dio una polémica marcada entre los liberales y los comunitaristas, pareciera que la tendencia actual daría razón a los segundos. Dicho proceso compensatorio coexiste, como lo vimos en el párrafo anterior con la agudización de conflictos étnicos, religiosos o internacionales. Otro plano en el que se presenta el impacto de dicho evento es el riesgo de debilitamiento de los valores democráticos, de respeto a la diversidad y el fortalecimiento de las identidades sociales primarias. Los grandes pasos dados por las Naciones Unidas, en particular la UNESCO en pro de la convivencia social aparentemente se fragilizan. El fanatismo e infinito espíritu de sacrificio debe ser contemplado en cualquier análisis que se precie de imparcial. Esta es una fuerza que se sustenta, en el presente caso, en la ideología religiosa llevada a sus límites. Es necesario reconocer como el poder máximo de la hipertecnología ha reducido la responsabilidad de la inteligencia humana, expresada como pasividad humana ante la fuerza del polo mecánico-informático, en una época en la que presume que la sociedad del conocimiento genera mecanismos e instrumentos que se supone la llevaran a buen camino, nos referimos a la “gestión del conocimiento”. Por último, una existencia de patrones “morales” que no pueden ser ignorados se ha hecho presente en el escenario internacional de una manera perversamente visible, esa dimensión también deberá ser considerada en la generación de respuestas que la Psicología y otras disciplinas científicas tendrán que proponer para aquel propósito de modificar los defectos de los sistemas de vida proveídos por la sociedad occidental. Ello nos podría señalar algunos caminos alternativos a la desesperación-exasperación expresadas tan crudamente y en dimensiones magnificadas de lo que nos tocó vivir a nosotros en la década de los ochenta.
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[1] Doctor en Psicología (Universidad de Bielefeld, Alemania). Director de la Unidad de Post-Grado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. E-mail: carenasi@unmsm.edu.pe
DESPUÉS DEL ATENTADO A LAS TORRES GEMELAS: IMPACTO PSICOSOCIAL
COTIDIANIDAD Y CORRUPCIÓN DESDE UNA PERSPECTIVA PSICOSOCIAL
Autor: Dr. Carlos Arenas Iparraguirre
Es imperativo para la Psicología y los Psicólogos tratar el tema de la corrupción y su efecto en los comportamientos sociales. Ello permitirá transferir los planteos de la Psicología Social al análisis crítico de la realidad contemporánea, en particular al problema de la corrupción, utilizar técnicas psicosociales para el diagnóstico, pronóstico y acción sobre temas psicosociales. Elaborar metodologías que permitan detectar la sensibilidad de la población -o sectores de ella- ante el fenómeno de la corrupción, los psicólogos sociales tienen algo que opinar y campo de actuación.
LA CORRUPCIÓN Y LOS PROCESOS SOCIO-ECONÓMICOS
D iversas disciplinas deben ser asumidas para entender el problema que nos concierne. La Psicología Política y la Economía, en esta articulación encontramos los aportes de Veblen. Los economistas como los nuevos artífices de la política internacional y nacional, en una sociedad con esta hegemonía encontramos los fundamentos económicos de la corrupción. Del mismo modo y como diría Freud, el malestar en la cultura genera los hechos de corrupción, presentándose de modo recurrente la relación dialéctica corruptor / corrompido. El daño que se produce a la salud pública con los episodios de corrupción son la anomia, desesperanza, individualismo, presentismo, egoísmo, etc. Es reconocible la tolerancia ante la corrupción. ¿Vale ser intolerante con el fenómeno?. En las reflexiones de Pierre Bourdieu (1998) se objeta el discurso neoliberal, como teoría, a la que define como desocializada y deshistorizada y, también, como práctica, ya que le adjudica la destrucción sistemática de los vínculos humanos y de los lazos colectivos, que puedan obstaculizar la lógica del mercado sistematizada en un programa político.. “El programa neoliberal (...) tiende globalmente a favorecer la ruptura entre la economía y las realidades sociales” En estas palabras, Bourdieu sintetiza la esencia de su crítica al sistema. El sociólogo francés centra su esperanza en los sujetos colectivos, pero justamente son los sujetos colectivos, al igual que los individuos, los que se encuentran desesperanzados y desmovilizados, frente a todo lo que esté más allá de lo próximo o inmediato. También le otorga un lugar especial a los Estados, tanto nacional como supranacional, para contrarrestar la acción destructiva de los globalizados mercados financieros. Un Estado que se ha “alejado” de su función, que además, es permeable a dejarse penetrar por acciones corruptas que corroen las estructuras y las relaciones funcionales entre las mismas, facilita la corrupción. Lo que agrava el presente cuadro de situación tiene que ver con la fragmentación social, contraparte dialéctica de la globalización imperante. También los partidos políticos tienen su cuota de responsabilidad en esta fragmentación de la sociedad, ya que los mismos, no supieron generar colectivos fuentes de presión y de poder, capaces de articular intereses comunes en proyectos hegemónicos duraderos. Hasta la justicia como institución ha caído en el descrédito y, amplios sectores de la población, manifiestan su desconfianza en los procedimientos y decisiones judiciales. LA CULTURA Y SU ROL EN EL PROBLEMA DE LA CORRUPCIÓN Sabemos el poderoso rol que desempeña la cultura en toda sociedad, en el caso de un fenómeno como el de la corrupción deberá existir un trasfondo que proporcione justificación, coartadas o resistencias. La pregunta por la cual partir sería si existe una cultura transgresora en el contexto de una sociedad anómica. Una observación atenta de la vida cotidiana permite inferir que las sociedades latinoamericanas, en particular el Perú, viven enfrentándose con transgresiones de diversa gravedad, en particular por los funcionarios del Estado, lo que parece tener una antigua presencia en la historia política y económica del país. Para Durkheim, la anomia, se produce cuando los individuos no encuentran expectativas de comportamiento adecuadas a los cambios bruscos y rápidos, por lo tanto pierden el límite de lo expectable (Durkheim, 1893:1973). En aquella época
La corrupción tiene un efecto devastador en todos los niveles del ámbito social. En el nivel objetivo se liga al imperio de la pobreza, a la agudización de las desigualdades, a la polarización socio-económica y la disminución general de la calidad de vida de la mayoría de los habitantes, por cuanto se desvían ilegalmente importantes sumas de recursos que deberían cubrir políticas sociales o de una manera legal se destinan fondos al pago de una deuda externa asfixiadora. En el nivel subjetivo, se generaliza un sentimiento de impotencia, indiferencia y descreimiento hacia los líderes de la comunidad, así como la convicción interna que las condiciones imperantes favorecen al deshonesto y no al que trabaja. Todo ello son expresiones del síndrome fatalista que tan bien investigara en la sociedad salvadoreña, nuestro apreciado Psicólogo y Sacerdote Ignacio Martín Baró (1987) que fuera víctima de la intolerancia y la prepotencia de uno de los tantos regímenes. como en la actual, los cambios súbitos son fundamentalmente de orden económico financiero y los individuos son expuestos crudamente a un nuevo orden para el cual no tienen un repertorio de respuestas adecuado con el cual reaccionar. La falta de regulación por parte del Estado de las relaciones laborales y del mercado; la indefención del individuo ante las exageradas y no siempre posibles de satisfacer demandas de la sociedad de consumo; la progresiva exclusión de amplios sectores de la población del mercado laboral y de la participación social y política, son hoy, importantes fuentes de anomia. Frente a ello, la corrupción y otros fenómenos como el engaño social, el pequeño hurto, las transgresiones a normas de convivencia, son una forma de acceder rápidamente a los objetivos, al estilo del innovador en la tipología descripta por Merton, especialmente para aquellos que se encuentran ubicados en lugares ventajosos y muchas veces ocupan un liderazgo. El caso del ex – presidente del Perú Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos es ilustrativo, de abusar de las posibilidades y oportunidades que les proporciona el cargo ostentado, y son las mismas estructuras del sistema las que proveen inmunidad e impunidad. Es más probable que la oportunidad de realizar actos de corrupción la tengan quiénes se encuentran cobijados bajo las alas del poder o gozan de la inmunidad que brindan las estructuras públicas, cuando se han debilitado los controles de una sociedad desesperanzada y fragmentada. Una sociedad que asiste, por momentos, insensible al enriquecimiento desmedido de algunos con un fuerte exhibicionismo de sus riquezas, mientras que la mayoría se debate en la lucha cotidiana por la supervivencia o por encontrar la forma de “acomodarse a los nuevos tiempos”, en un “sálvese quien pueda” es, sin dudas, una sociedad condenada. Las aportaciones de Festinger sobre la comparación social y en particular la disonancia cognitiva evidencian un nivel de explicación psicosocial al respecto. EXISTE UNA REALIDAD OBJETIVA Y SUBJETIVA DE LA CORRUPCIÓN Una sociedad es una red de expectativas recíprocas y compartidas, al menos en aquéllas cuestiones esenciales que nos permiten mantener nuestra identidad y pertenencia. Toda sociedad, a su vez se ha constituido como parte de la construcción que las diversas generaciones le han aportado plasmadas en costumbres, normas y reglas de diversa dimensión. Como correlato subjetivo del estado de anomia de un sistema social Seeman (1959) identifica la existencia de una anomia psicológica incapaz de contener a sus miembros. Estas dimensiones representan sentimientos que experimentan las personas cuando se encuentran ubicadas en posiciones desventajosas para ejercer control sobre poderes reificados en el imaginario social. Esos sentimientos también refuerzan la convicción que sólo a través de comportamientos desviados es posible lograr los objetivos promovidos socialmente. Se produce una ruptura de la cohesión social y de la moral, que las personas experimentan como una falta de adhesión a las normas y una carencia de sentido a todo intento personal o colectivo por modificar las situaciones (Marin, y otros, 1999). Cuántos de nuestros ciudadanos y ciudadanas en todas las esferas -personal, familiar, política, religiosa, cultural, económica y social- que cometen acciones corruptas se justifican alegando quizás cosas como: "todo el mundo lo hace..."; "esta oportunidad me tocó a mí..."; "aquí no me pagan lo suficiente...", etc. Todo intento de combatir las prácticas corruptas debería contemplar una transformación sociocultural en la que la sociedad modifique la actitud fatalista que impregna la representación del fenómeno, “naturalizado” bajo la creencia rectora de su inevitabilidad. Al generarse esa nueva actitud se podrá neutralizar a quienes se amparan en esta cortina y quedarán evidenciados, por ejemplo, la delincuencia organizada que incluso actúa con criterios empresariales claramente establecidos, planificando sus actividades de acuerdo con los criterios económicos de la oferta y de la demanda, contemplando también el impacto de la acción
investigativa y penalizadora del Estado. Así mismo, en Colombia la corrupción es una de la mayores fuentes de riqueza del crimen organizado. Según un informe de la Corporación Excelencia para la Justicia, Colombia ocupa el lugar número 72, en la escala de los países más corruptos del mundo La corrupción es un problema que tiene antecedentes históricos y hasta posturas teóricas que sustentan que es un problema humano que nunca se podrá eliminar, posturas con las cuales no estamos de acuerdo. En el caso de la corrupción como problema social, esta sigue operando con libertad porque no tomamos medidas al respecto; porque nuestra indiferencia facilita que este "cáncer" siga arraigándose en las entrañas de nuestra vulnerable sociedad y porque la Universidad y los propios profesionales tienen poca sensibilidad para abordar esta temática, y desde las diversas disciplinas en forma conjunta afrontar científica y profesionalmente este flagelo. BibliografíaBOURDIEU, P.: “La esencia del neoliberalismo”. Revista Trespuntos, Buenos Aires, 2 de setiembre de 1998.DURKHEIM, E.: El Suicidio. Editorial Schapire, Buenos Aires, 1966MARIN, L. Y Otros: “Aporte metodológico al conocimiento de la alienación psicosocial”. Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina, Vol. 39, Nº 3, 1993.MARIN, L. La corrupción como Fenómeno Psicosociopolítico: el caso argentino, 2000.MARIN, L. : Una mirada psicosociopolítica de la corrupción. Revista de Psicología Política, Nº 19, Noviembre 1999, 7-21. Valencia.MARTÍN- BARÓ, I. : El latino indolente. En Montero, M. (Coord.) Psicología Política Latinoamericana. De. Canapo, Caracas,1987.MERTON, R.: Teoría y Estructura sociales. Fondo de Cultura Económica, México, 1964. f RODRIGUEZ KAUTH, A. y otros, “Psicosociología de la corrupción desde la Psicología Política”. Cap. XI en Psicología social, Psicología política y Derechos Humanos. Editorial Universitaria San Luis y Editorial Topía, Argentina, 1992.SEEMAN, M.: “On the Meaning of Alienation”. American Sociological Review, Nº 24, 1959.
sábado, 8 de agosto de 2009
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